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No elegí el azul, el azul me eligió a mí.

  • 13 ene
  • 2 Min. de lectura

​"Javi, ¿por qué azul?".

Es la pregunta del millón. En Instagram, en la calle, en la vida... para muchos soy AZUL. Y entiendo la curiosidad.

​Si me pongo en modo "artista intenso", podría daros una respuesta de manual.


Podría deciros que la psicología del color afirma que el azul transmite confianza, calma y estabilidad. Podría hablaros de espiritualidad y deciros que está conectado con el quinto chakra. O podría citar a Kandinsky diciendo que el azul es el color típico del cielo y desarrolla el elemento de la quietud.


​Queda muy bien, ¿verdad? Suena muy profesional, muy estudiado, muy místico.

​Pero os voy a ser sincero: no es por nada de eso.


​Yo no me senté un día con una carta de colores a decidir que este sería mi color. No hubo estrategia. La realidad es que yo no elegí el azul; el azul me eligió a mí.


​Fue en un momento muy concreto. Justo después del caos.

Ya os he hablado de eso,así que no voy a entrar ahí de nuevo. Solo diré que, cuando todo pasó, acabé tumbado en la playa, con los ojos cerrados.

​Recuerdo que respiré hondo. Fue una de esas respiraciones que te llenan los pulmones y te vacían el alma de peso. Sentí que ya había pasado todo.

​Y entonces, abrí los ojos.

​Lo primero que vi, lo único que ocupaba todo mi campo de visión, fue el cielo. Un cielo azul, inmenso, limpio, infinito.

Me quedé hipnotizado mirando ese tono. Y en ese instante exacto, asocié ese color con el momento preciso en el que empezaba a reconstruirme.

​Desde ese día, el azul no es teoría para mí.

Es mi faro. Es mi recuerdo más hermoso. Es la sensación física de libertad y desahogo.

Por eso soy azul. Porque mirarlo es recordar que sobreviví y que el cielo siempre vuelve a despejarse.


​Y vosotros: ¿Tenéis algún color que os rescate? ¿Ese tono que, cuando lo veis, os hace sentir que estáis en casa?

 
 

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